Una grabadora de 200 euros o un botón que ya tenía. Parte 1: la historia

Las mejores ideas me vienen de madrugada y por la mañana no queda ninguna. Iba a comprar una grabadora con inteligencia artificial; al final monté otra cosa con lo que ya tenía, y cuento lo que costó de verdad. Primera parte.

Una grabadora de 200 euros o un botón que ya tenía. Parte 1: la historia

Me despierto de madrugada para ir al baño, vuelvo a la cama y la cabeza, en vez de apagarse, se pone a maquinar. Es cuando mejor me fluyen las ideas. Tengo comprobado también lo que pasa después: por la mañana no queda ninguna.

Apuntarlas tiene su coste. Hay que encender la luz, buscar las gafas, desbloquear el móvil, abrir una aplicación y escribir con los pulgares. Lo de las gafas, hasta este verano: en agosto me operé de la presbicia, y esa historia merece su propio artículo. Para cuando termino estoy despejado del todo y ya no duermo. Así que no apunto nada, y la idea se va.

Llevo años así. Esta semana decidí arreglarlo y, como hace todo el mundo, lo primero que hice fue mirar qué podía comprar.

La tentación

Le pregunté a ChatGPT y me sacó un catálogo. Grabadoras de bolsillo de las de siempre, como la OM System VP-20: 109,90 euros en la web portuguesa de la marca el día que escribo esto, 37,5 gramos y un interruptor que deslizas y ya está grabando. O la Sony ICD-TX660, que no he podido comprobar a cuánto está hoy.

Y luego estaba la que me gustó de verdad, la Plaud Note Pro. Una tarjeta de tres milímetros y 30 gramos que va con una funda magnética detrás del teléfono. Grabas con un botón y te lo transcribe con inteligencia artificial. Cuesta 189 euros en su web a día de hoy, con 300 minutos de transcripción al mes incluidos; si quieres más, se paga aparte.

Página de la tienda de Plaud con la grabadora Plaud Note Pro, una tarjeta gris oscura, y su precio: 189 euros.
La que casi compro. Captura de la web de Plaud, 9 de octubre de 2026.

No la he probado, que conste. Pero me quedé un rato mirándola con la tarjeta de crédito cerca, y me hice dos preguntas que me fastidiaron la compra. La primera: si de verdad iba a pagar casi 200 euros por no acercar el teléfono a la mesilla. La segunda: si tenía sentido pagar por otra inteligencia artificial más cuando ya pago por dos.

El aparato ya lo tenía

El teléfono que llevo encima tiene micrófono, memoria y conexión. Algunos iPhone, y el mío es uno de ellos, traen además un «botón de acción» en el lateral que puedes dedicar a lo que quieras. Aparato ya tenía. Lo que me faltaba era que apuntar una idea fuese un solo gesto, a oscuras y sin mirar.

Lo que he montado hace esto:

  1. Pulso el botón del teléfono, hablo y toco la pantalla para terminar. No abro nada ni lo desbloqueo.
  2. La grabación viaja sola al ordenador que tengo encendido en casa.
  3. Allí un programa convierte la voz en texto, y una inteligencia artificial ordena lo que he dicho: la idea, los argumentos, las tareas y las dudas.
  4. La nota aparece en mi cuaderno digital. Debajo va la transcripción sin ordenar, que también puede traer errores, por si la máquina ha entendido lo que le ha dado la gana. El original de verdad es el audio, y ese se guarda.
Esquema en cuatro pasos, de izquierda a derecha: un teléfono con un botón lateral y un micrófono; una nube con una onda de sonido; una pantalla de ordenador donde la onda se convierte en líneas de texto; y una hoja con un título y tres puntos.
El recorrido de una idea, del botón del teléfono a la nota ordenada.

Si quieres saber exactamente con qué está hecho, en la segunda parte tienes la lista de aparatos y de programas.

Una nota corta tarda unos 35 segundos desde que dejo de hablar hasta que la tengo ordenada. Este artículo empezó así: dicté cuarenta segundos con el teléfono en la mano y de ahí salió el guion.

Una nota con título, una idea en un párrafo, tres tareas con casilla, una duda y, separada por una línea, la transcripción original de lo dictado.
Una nota real de hoy, tal como llega: ordenada arriba y con la transcripción debajo. Es una reproducción del texto, sin retocar.

Lo que salió mal

Si lo dejara aquí, esto sería un anuncio.

Para empezar, esto no lo hice yo, lo hicieron tres inteligencias artificiales. ChatGPT redactó el encargo, Claude lo corrigió y lo construyó en mi ordenador, y a una tercera, Codex, le pedí que revisara el trabajo de la segunda. Le dijo que no tres veces seguidas, con sus razones. A día de hoy sigue sin darlo por terminado.

Hubo un momento en que casi me da algo. Para aceptar un permiso del sistema, Claude iba a hacer clic en un punto de la pantalla donde un minuto antes estaba el botón de «Permitir». Yo, mientras tanto, había cambiado de ventana y tenía abierta una tienda en línea, con una tableta de más de 400 euros y su botón de «Comprar ya» bien a la vista. Antes de pulsar volvió a mirar la pantalla, vio que aquello ya no era lo que esperaba y no pulsó. Me lo contó después, tan tranquilo.

Las máquinas, además, oyen lo que quieren. Dicté «grabadoras tipo Plaud» y en la transcripción ponía «grabadoras tipo Claude», que es el nombre de la inteligencia artificial que estaba ordenando la nota. Cada una barre para casa.

La primera grabación larga, de tres minutos, me llegó por la mitad. El programa que transcribe se atascó repitiendo «¿cuál es el problema?» cinco veces y se comió el último minuto y medio. Tuvo gracia, la verdad, que el problema fuese ese. Lo descubrí porque guardo el audio original, y desde entonces no pienso dejar de guardarlo.

Final de una transcripción: tras una frase normal, la pregunta «¿Cuál es el problema?» aparece cinco veces seguidas, resaltada.
Así terminaba la transcripción de la grabación de tres minutos. Reproducción del texto real.

Queda decir lo que tuve que hacer yo: conceder los permisos del ordenador. En mi caso, cada vez que el sistema preguntó si dejaba a un programa leer mis archivos, contesté yo a mano. Me parece bien que una cosa así no la decida una máquina.

La cuenta

No he pagado un euro nuevo. Dicho así queda estupendo, pero funciona porque ya tenía un ordenador encendido en casa las veinticuatro horas, una suscripción a una inteligencia artificial y otra para sincronizar mis notas. Y porque le eché una mañana entera, con tres máquinas trabajando y yo dando permisos.

Dos columnas. Comprar la grabadora: 189 euros, funciona al sacarla de la caja, 300 minutos de transcripción al mes, más minutos de pago, un aparato más que cargar. Montarlo con lo que ya tenía: cero euros nuevos, una mañana de trabajo, un ordenador siempre encendido, dos suscripciones que ya pagaba y perderle el miedo a la Terminal.
La cuenta, en limpio.

También tiene su letra pequeña. Mi voz pasa por la nube de Apple camino del ordenador, y el texto, ya transcrito, se lo mando a una empresa para que lo ordene. Las contraseñas no se dictan.

Quien no tenga todo eso montado no parte del mismo sitio que yo. Para esa persona, 189 euros por algo que funciona al sacarlo de la caja igual no es tan caro. Echar una mañana también cuesta, y hay quien prefiere pagar y dormir.

Lo que todavía no sé

No sé si entiende un susurro. Lo he probado hablando normal, de día, y el caso que me interesa es el otro, con alguien durmiendo al lado.

Tampoco pongo la mano en el fuego por que dentro de un mes lo siga usando. Igual ha ido a parar al mismo cajón que otros inventos míos.

Y queda la duda gorda: si las ideas de las tres de la madrugada son tan buenas como parecen a las tres de la madrugada. Eso lo voy a averiguar pronto, porque por primera vez me las voy a encontrar escritas.

Por si te sirve

No hace falta montar nada de lo mío para dejar de perder ideas.

Antes de comprar un aparato, escribe en una frase qué problema te resuelve y pregúntate si el teléfono ya lo hace. A mí esa frase me ahorró 189 euros. A ti igual te confirma que te compensa gastarlos.

La versión sencilla es poner la grabadora de voz del propio teléfono en la pantalla de bloqueo o en un botón. No hay inteligencia artificial ni notas ordenadas, pero la idea queda grabada y por la mañana sigue ahí.

Y si usas una inteligencia artificial para ordenar lo que dictas, pídele que conserve siempre la transcripción tal cual debajo, y guarda el audio. A mí me salvó media nota.

El invento lleva un día funcionando. Cuando lleve un mes te cuento si sigue vivo.

Hasta aquí, la historia. Si te ha picado la curiosidad y quieres montarlo, el paso a paso está en la segunda parte: Una grabadora de 200 euros o un botón que ya tenía. Parte 2: cómo lo monté. Es de dificultad media, y no tienes por qué hacerlo a mano: yo tampoco lo hice.